domingo, 4 de mayo de 2008

Pretexto, un pasado narrado, historia del individuo

Dije que te amaría por la eternidad, que las calles y las casas gritaban tu nombre, no me arrepiento, me juzgo.
Me insulto.
¿Te odio? No, ¿valdría la pena?
Seamos sinceros, tú encontraste otro amor antes de dejarme volar, la distancia no mata, mata el reemplazo, la ausencia sustituida, tú ya sabes de qué.
Mata el otro aroma, la otra voz, unos ojos distintos, unos labios que besan para hacernos sentir la falta de, pero jamás sucede así, porque descubres sensaciones nuevas, entonces te acostumbras a ellas y olvidas eso que buscaste en un lugar distante.
No rellenaste mi lugar, me sustituiste. No me cambiaste, me perdiste en tu necesidad de mí. No me olvidaste, simplemente no sabes como recordarme pues en tu intento por no apartar mi existencia de tu mente, buscaste otros caminos que nunca te llevaron al lugar donde estaba yo.
Jamás el clavo que saca al antiguo clavo, será al que eliminó.
Pero no importa, sabemos, los dos, que ni odios, ni rencores, ni el viejo amor, perderán al pasado, y menos nos llevarán a él… el tiempo se hace intocable, no por no verse, sino por la falta de repetición, presencia onírica alcanzada únicamente en la noche.
Suéñame, no es malo, tampoco digas que no me amas, admite, como yo, que no estamos amándonos, nuestro amor quedó suspendido en el espacio temporal inalcanzable, es, a pesar de todos (inclúyenos), un punto en el plano del cual no tenemos coordenadas para encontrarlo, aun sin camino, es.

Segundo: Cuarto elemental

II

Ojalá fuese aire
escaparía en un soplo
cuando me quedara sin fuerzas
-y el miedo me consumiera-
Ser como el aire:
sensible
inasible
Incorpórea
para no dejar un hueco
entre tus brazos
el día que diga adiós.